Samstag, 29. August 2009
Donnerstag, 23. Juli 2009
Aschenbecher
Freitag, 17. Juli 2009
Happiness is a revolving door
Donnerstag, 11. Juni 2009
Mittwoch, 10. Juni 2009
Voto nulo, cobardía terrible
Donnerstag, 4. Juni 2009
La repetición
Donnerstag, 14. Mai 2009
El reflejo de sí mismo
Abrir los ojos fue como despertar por primera vez, pero al mismo tiempo fue una abrupta reacción ante demasiada luz, ante la luz reflejada en todas las superficies a mi alrededor, desbordándose por su propia abundancia. El tipo más terrible de reflejo: el puro reflejo de la luz ante la totalidad de las paredes, blancas todas. Al pasar unos minutos, el aturdimiento inicial cesó y pude empezar a estructurar una impresión de mis alrededores. Me sentí cansado, como si hubiera hecho un gran recorrido, pero no podía recordar nada de ello – un cansancio existente sin razón alguna, sin causa material visible, sin memoria de su inicio; un cansancio que por existir sin memoria, se antojaba haber existido por siempre.
Estaba en un cuarto completamente cerrado. No había puertas ni entradas visibles, ninguna conexión al exterior. Aun así, el cuarto parecía bastarse a sí mismo y al igual que el cansancio que experimentaba, sin necesitar de algo más para ser del modo que era, o simplemente para estar, parecía enorme, era mi presencia la que lo hacía desesperadamente pequeño, fastidioso, insoportable.
Las paredes eran tan blancas que parecían indicar dos cosas – acababan de ser pintadas, y no habría necesidad de pintarlas de nuevo jamás. De pronto, me sentí atrapado de la peor manera posible: sin memoria alguna de cómo había llegado al lugar en el que estaba, sin recordar siquiera si había habido algún inicio de esto, o si esto era el final de algo, o si solamente yo había estado aquí siempre (y no lo podía recordar). Me puse de pie (estaba acostado cuando abrí los ojos) y giré para captar todos los lados del cuarto. Estaba yo dentro de un ligero rectángulo, con una pequeña diferencia de longitud entre el largo de un par de paredes y el otro.
Tomó varios minutos de observación hacer una medición aproximada careciendo de instrumentos, cada estimación dificultada por la uniformidad del color de las paredes, el piso y el techo. Primero, pensé que me hallaba dentro de un cuadrado, tomó tiempo y concienzuda observación lograr convencerme a mi mismo de que los pares de paredes eran de una longitud disímil.
En uno de los muros del par más largo, estaban encajados un par de tubos grandes y gruesos, aparentemente parte visible de un gran sistema de tuberías, tal vez eran conductos de alguna substancia o gas. Los tubos también estaban pintados de blanco, lo que me había impedido distinguirlos antes: estaban tan bien asimilados en la pared (a pesar de no estar completamente enterrados en ella) que eran casi imperceptibles. Se volvieron más y más fáciles de notar cuanto más me acerqué a ellos. Al acercarme, pude sentir su temperatura, ésta correspondía a la del plomo o algún otro metal a temperatura ambiente.
Habiendo medido las paredes, notado sus detalles y examinado los tubos, y sin más en qué consumir mi tiempo, comencé a hacer lo que una persona desesperada hace tarde o temprano: fijé mí vista arriba, en el techo. En unos segundos, logré divisar una especie de cuadrado, con un patrón de relieve compuesto de pequeños rectángulos. No tenía ninguna manija visible, y si la hubiera probablemente estaba del otro lado del cuadrado-escotilla que tan fijamente miraba yo – ello suponiendo que el cuadrado-escotilla fuera realmente tanto menos de cuadrado que deseaba yo como más de escotilla. Ello también, sujeto a que hubiera algún lugar exterior a donde me encontraba yo, si es que había algún “afuera”, presuponiendo que yo me encontraba de alguna manera “adentro”, o adentro de algo.
Poniendo esas cavilaciones de lado y pensando en términos más prácticos, el techo estaba a una buena altura del piso, haciendo de este remedo de entrada-salida un lugar prácticamente inalcanzable, aunque saltara yo con todas mis fuerzas. Después de vencerme antes de comenzar, pensé en perforar los tubos de la pared de alguna forma, y aunque ello no me daría ningún resultado positivo evidente ni auxilio alguno en mi esfuerzo para alcanzar el cuadrado-escotilla, me sentí inmediatamente dirigido a hacerlo.
Pausé unos segundos, y antes de dar el primer paso me di cuenta de la futilidad de mi no-intento: mis fuerzas no bastarían ni para hacer una leve abolladura en los tubos, estos eran gruesos y robustos, las uniones transversales entre ellos eran de apariencia tan sólida que mis huesos se romperían como cristal al golpearlas.
No tenía muchas opciones – opté por examinar cuidadosamente las paredes. No había grietas ni enmendaduras, y en donde las paredes se unían no había ni un milímetro de espacio; eran paredes herméticas. El pensamiento de qué tanto oxígeno habría aquí adentro, y de si con cada respiración su calidad disminuía pasó rápido por mi mente, e igual de rápido se fue.
Con cada opción de escape fallida, también se agotaban las cosas por ver y registrar, por observar y medir, por partir y agrupar. El cuarto, aunque vacío, se iba vaciando con cada intento de hallar algún sentido, orden o dirección. Si bien había una estructura (ligero rectángulo, cuasi cuadrado), su razón de ser parecía ser incognoscible. A mi no regresaron jamás memorias de ninguna cosa anterior a mi estadía aquí. Justo mientras me perdía en esos pensamientos, voces emanadas desde arriba me alcanzaron. ¡Voces! Fijé mi vista en donde creí que el sonido se había originado. Me quedé callado, pero después de un momento grité. Esperaba que mis gritos resonasen y rebotasen por donde quiera, ya que las voces tenían un particular timbre que solo el pasaje a través del metal podía darles – el cuarto ahogó mis gritos por completo a pesar de ello. En vez de sorprenderme, me resigné por completo.
El cuarto comenzaba a cernirse sobre mí, tanto que me hizo sentarme. Cambió su tamaño en mi particular impresión de él – se volvió más pequeño, parecía querer absorberme, justo como a mis gritos. Empecé a perderme en imaginaciones vacuas, cada vez más tenía la certeza de encontrarme en un submarino, al lado de un cuarto de máquinas mudo, de estar en un espacio vacío, producto de un mal diseño de un ingeniero, o de estar en un espacio sobrante, bodega de improviso, complemento de otros espacios, cuarto hecho de los espacios entre otros cuartos, pintado para disimular el error del que había nacido.
No parecía ser una prisión (el aspecto general era demasiado neutro, casi benevolente), sino parecía más bien ser un lugar olvidado. Vinieron a mi memoria las voces abigarradas que había oído pasar, algunas alegres, las otras calmadas, voces que no parecían estar conscientes de mí o de tenerme desprecio, sino que parecían ajenas enteramente al hecho de que pasaban por encima de mí. Mi cabeza empezó se transformó en un barco hundiéndose, y las certezas abandonaban el naufragio rápidamente – empecé a dudar de mi percepción espacial, cuestionándome de si las voces habían venido de abajo (¿o deberé de decir “abajo”?) o de arriba.
Ahora bien, si no estaba aprisionado, si con una espera lo suficientemente larga no podrá liberarme nadie, solo podía esperar que alguna fuerza ajena a mi propia voluntad me arrancase de aquí por los medios a su alcance y acabara con mi suplicio. Segundos después de pensar eso, me convencí de algo completamente opuesto: me asaltó de nuevo la abstracción especulativa, ya cristalizada, de encontrarme en un espacio entre espacios cuyo propósito de existir era el despropósito, de estar en un lugar definido por su carencia de definición, y cuya identidad se ve devengaba de todo lo demás fuera de él (y fuera de él no había nada).
Entonces, el cuarto pasó de estar en ciernes sobre mí a ser neutro de nuevo, a ser ese espacio donde un par de paredes era ligeramente más largo que el otro. No pude más – presa de mi desesperación, me levanté y comencé a correr a través del cuarto gritando, con los ojos cerrados y la cabeza por delante, como embistiendo a alguien.
Seguí corriendo, y al chocar con la pared a esa velocidad, mis ojos se abrieron, y viendo el color del aire todo a mi alrededor me desvanecí. Por fin pude salir del cuarto.
Sonntag, 3. Mai 2009
Sin título
Montag, 13. April 2009
El papel de la repetición en la formación del hombre
Los actos repetitivos, a distintos niveles y frecuencias, eventualmente dan forma al carácter y al espíritu de la raza humana así como una piedra es pulida al paso del agua en un río. No es la fuerza ni la velocidad lo que tiene el efecto transformador, sino la sutil constancia - algo que se repite tiene fuerza por sí mismo, puede invocarse en multiplicidad de repeticiones sin perder fuerza de sustancia, ni de carácter. Cuando algo se repite, automáticamente prueba tener la suficiente sustancia dentro de sí como para invocar una instancia igual de sí mismo sin diluir su carácter. Es más, es mediante esta repetición, este juego de espejos donde las repeticiones se fusionan en un recuento de sí mismas para cobrar más carácter que una sola de sus invocaciones.
Es esta cualidad de la repetición la que va formando el carácter de los hombres, en una variedad tripartita de repeticiones infinitesimales e incesantes que se pueden clasificar en - repeticiones inconscientes, repeticiones volitivas y repeticiones forzadas.
En las repeticiones inconscientes podemos encasillar aquellas en las que el sujeto no tiene consciencia plena de que se acaecen, aquellas instancias donde el sujeto es multiplicado por la repetición, o metido en un túnel de infinitas repeticiones. La naturaleza de las repeticiones inconscientes no es necesariamente aquella de algo que está escondido y es por ello inaccesible – el verdadero quid de las repeticiones inconscientes es de aquellas que mediante la repetición pierden la fuerza de su expresión - aquellas que se cuelan bajo la superficie, aquellas que los individuos han visto pasar tantas veces, que como el aire, a menos de que carguen con alguna impureza ajena, son imperceptibles.
El ejemplo más ilustrativo de una repetición inconsciente es el tiempo. El tiempo, o su pasaje (ambos se transmutan) son repeticiones interiorizadas por los seres humanos. En este sentido, la repetición del tiempo también tiende a una acumulación: el tiempo, al repetirse en sus unidades divisibles e iguales, se apila y es esa acumulación de tiempo, el pasaje de las unidades a través y a la vista de todos, que hace que la flecha del tiempo tenga como sentido 'adelante'. Un ser humano sin esta intuición, no podría percibir el cambio en sus alrededores - simplemente moriría tratando de entender su deterioro sin causa aparente. El tiempo, con su sentido 'hacia adelante', con su infinita repetición de unidades infinitamente pequeñas y tremendamente grandes es lo que también provee de sentido a la muerte, al cambio físico y a las acciones.
La repetición añade una predictibilidad inexistente a un mundo caótico y sin sentido, un mundo que se repite, o en donde se acaecen cosas que se repiten, es un mundo en donde hay objetos, en donde hay modelos y en donde hay conocimientos claramente definidos y delimitados (vida – muerte / presente – pasado / objeto – objeto / sujeto – sujeto / sujeto – objeto). Detrás de la repetición, se esconden el desorden, el sinsentido y la nada.
El tiempo como repetición
El sentido del pasaje del tiempo puede manejarse como cualquier clase de abstracción, como una construcción numérica inmutable, ó como la partición infinita y recurrente de momentos en momentos más pequeños, es la repetición de momentos más y más pequeños que sumados y juntos dan la totalidad de todos los momentos: el tiempo es la partición del todo, sólo presenciando la repetición y ‘adición’ de pequeñas partes puede el ser humano digerir la totalidad de todos los momentos sumados – el todo, la eternidad.
Las ilusiones de la repetición del tiempo
Si pensamos que las repeticiones del tiempo se dan en minutos, segundos, horas, días, tenemos que presuponer que más allá de las construcciones temporales humanas (el minuto tiene sesenta segundos, un año es relativo a la rotación terrestre, etc.), debemos de presuponer la existencia de una sustancia la cual podemos percibir, sentir, medir y relatar. Debe de haber una fuente del tiempo, algo de donde el cambio de los acontecimientos surge. ¿Es la acción, o el movimiento, la fuente del tiempo?
Percepción del cambio – si algo se mueve, presuponemos dos estados diferentes: antes y después. ¿De dónde surge esta partición? Planteemos una fricción. La fricción entre dos estados de las cosas es de donde surge una concepción de diferencia. La repetición surge y se alimenta del perpetuo cambio – sin fricción constante, no habría repetición, y no podríamos derivar sentido alguno del paso del tiempo.
Para ello, imaginemos una planta que lentamente se marchita. Decidimos observarla desde que empieza a marchitarse hasta que muere, y medimos el tiempo en minutos. Los minutos se repiten, son exactamente los mismos, uno tan exactamente bien delimitado como el otro – si pasan seis minutos exactamente, no habrá diferencia entre ellos. Hemos efectivamente medido una transición usando el tiempo en un objeto delimitado por nosotros (la planta). La diferencia es que el medio utilizado para medir se repite, mientras que cada segundo que pasa es reflejado de una manera irrepetible en el estado de decaimiento de la planta: la repetición da regularidad a un evento irrepetible, imposible de delimitar y medir. Si no fuera así ¿cómo podríamos decir cosas como ‘faltan n segundos para que la planta muera’? No podríamos. Sin la repetición religiosa y obsesiva de unidades de tiempo, jamás podríamos saber (una vez que el acontecimiento se haya sucedido) si la muerte de la planta alguna vez ocurrió. El tiempo, junto con la repetición, dan sentido, estructura y velocidad a nuestras percepciones de los objetos – cabría aventurar que el tiempo y la repetición dan incluso forma a los objetos que percibimos (sin estados cambiantes, los objetos serían percibidos como una gran nada, sin el estado fluido de las cosas probablemente los seres humanos jamás habrían existido).
Ahora bien, destruyamos los minutos: sin delimitar claramente la pléyade de estados intermedios que existen entre una frontera y otra ¿cómo podemos saber que la repetición de minutos que empuja el paso del tiempo hacia adelante se está sucediendo ante nosotros?

